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La felicidad está asociada al mundo sensorial, al placer ligado al cuerpo y a la vida cotidiana. El sufrimiento en cambio con experiencias que forjan el caracter.
Los pobres saben dolorosamente que ¨la plata no se hace trabajando¨. Y mejor aún que los pobres, lo saben los ricos de nacimiento.
El problema de los pobres es que no tienen una moralidad propia, creada por ellos, para hacerla valer por sobre el resto de la sociedad.
El ascetismo* siempre fue una opción para los mas o menos ricos, no para los pobres.
La felicidad propia y ajena son un solo problema: la propia, para ser auténtica, necesita que se den las condiciones materiales para la ajena.
El ascetismo deja de ser índice de merecimiento.
La Política, en compensación, pasa a ser enmascaramiento de los intereses de los poderosos, a menos que se vuelva emancipatoria y cree condiciones materiales igualitarias para que todos puedan satisfacer las necesidades corporales.
Así, aunque no todos lleguen a ser felices (por que la felicidad excede la tranquilidad económica y el vivir en una sociedad justa), los que si lo logren, lo lograrán de un modo auténtico.
La gente cree que la felicidad irradia de figuras como la del mafioso (que es la representación contemporánea del libertino del siglo XVIII) un sujeto absolutamente libre e impune. La mafia es la aristocracia contemporánea. De hecho la aristocracia siempre se comportó igual que la mafia.
(Silvia Schwarzbock - Doctora en Filósofa - Entrevista Diario Clarin 07.06)
*ascetismo - conjunto de procedimientos y conductas de doctrina moral que se basa en la oposición sistemática al cumplimiento de necesidades de diversa índole que dependerá, en mayor o menor medida, del grado y orientación de que se trate.
