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El país es también hospitales sin camas, escuelas que se derrumban, punguistas de siete años, caras del hambre, cantegriles, maricones de Reconquista, techos que volaron, morfina a precio de oro.
El país es también gente conmovida, manos abiertas, hombres con sentido de la tierra, tipos con suficiente coraje como para recolectar nuestra inmundicia, curas que por suerte creen en Cristo antes que en la Mónita Secreta, pueblo que por desgracia cree todavía en las palabras, cuerpos reventados que de noche caen como piedras y cualquier día se mueren sin aviso.
Este es el país verdadero. El otro, ese que al Viejo le queda espantosamente chico, es sólo un simulacro.
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Mario Benedetti (Gracias por el Fuego)
