domingo, 24 de febrero de 2013

sacos


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Vivimos una época – dolorosamente – pava. Tenemos, desde hace años, la sensación de que así no va, de que seguimos en una especie de cuesta abajo a veces suave, a veces bruta, de que nos acostumbramos a soportar cada vez más lo insoportable, o sea: la sensación de que tanto merece ser cambiado –pero nos hemos convencido, al mismo tiempo, de que nada puede cambiar realmente.
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No es el conservadurismo feliz y desafiante de los que creen que no hay nada mejor que los valores del abuelo – dios, patria y esas cosas –; es la tristeza de quien no sabe cómo imaginar lo distinto, lo próximo. Porque no sabemos cómo se hace, qué se haría, quién lo haría, preferimos no creer que somos ignorantes sino que no hay manera: que más vale sentarse y suponer que si no vemos nada es porque no hay nada para ver.


(¿Cómo cambian las cosas? /Martin Caparrós)