La indiferencia, para mí, no es sólo un pecado. Es un castigo. Una persona que es indiferente a otra que sufre, es también indiferente a su propio dolor.
Cata confunde, crea incertidumbre, pesadillas, provoca nauseas, paranoia, fobias y acné. Cata te divierte, te eleva, te roba un beso, una lágrima y te dice al oido que empezó el día...