domingo, 17 de agosto de 2008

faustino




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Siempre me aburrí el Domingo.

Me predispone mal, me opaco
no me concentro ni logro elevarme.

El Domingo es un estado anímico, una sombra.
No tiene música ni proyectos.

No eran diferentes mis Domingos de infancia,

la casa de mi abuela, Quilmes y el río.

No hay gente brillante esos días,
desaparecen, descansan.


Todo camina lento y yo también.